sábado, 26 de diciembre de 2015

Reconociendo el éxito

Cuando me mencionaban la palabra “éxito” en el contexto de un propósito de vida siempre solía asociarlo a otro concepto aprendido que era el “progreso”. Entonces, sin poder evitarlo, imaginaba aquel departamento con vista al mar en Miraflores, una colección de autos de lujo, y para no sólo quedarme en los bienes materiales, por qué no: un pasaporte lleno de sellos de otros países, algunos difíciles de pronunciar, una familia propia o al menos una pareja con quien compartir ese “éxito”, buenos amigos con los cuales departir en los momentos de ocio, que no serían pocos.

Es ahora, cuando vuelvo a volcarme profundamente en mi interior, que veo lo engañosa que resulta esta palabra o lo confundido que yo estaba. Era en el momento que alcanzara todos esos elementos en que presentía que alcanzaría la realización, aun cuando los medios para alcanzarlos no estuvieran lo suficientemente claros. A pesar que durante muchos años me sabía contaminado por el sistema e inicié un proceso de catarsis, no dirigí la misma atención hacia algunos de esos conceptos aprendidos y a los cuales aún a pesar de todo aspiraba de forma inconsciente. La idea de bienestar estaba plagada de contradicciones. Observaba las ambiciones de los que me rodean sintiendo de inmediato una desconfianza que reflejaba mi propia paradoja. ¿Cómo podía criticar la falta de sustancia y sentido en los demás y no verla en mí? Sin embargo ahí estaba. Lograr divorciar el concepto de éxito de aquellas aspiraciones fue algo más difícil, algo que inició el año pasado y que logré afianzar en el presente.

Ahora no me resulta tan ignominioso ver cómo se propaga las ambiciones materiales como una idea de éxito, aunque no tengan nada que ver. Estas sólo reflejan el progreso dentro de un sistema capitalista, no indican el nivel de bienestar sino de comodidad, no guían la realización humana como no sea dentro de parámetros, hitos que uno debe cumplir para sentirse un ciudadano realizado, mas no una persona realizada. La próxima vez que intentes juzgar a alguien, incluso a ti mismo, midiendo tu éxito por las posesiones o hitos sociales, recuerda que ellas no reflejan lo que tú eres, sino el valor que posees tú como objeto para un sistema ajeno sin pensar en tu individualidad. Eso se llama progreso, en una escala diseñada por otras personas. El éxito está relacionado a tu realización como persona y está ligado a tu propósito de vida, y eso, nada tiene que ver con nuestras ambiciones.    

lunes, 25 de mayo de 2015

DESTINO Y SENTIDO (parte IV)

Luego de este breve preludio de las bases sobre las que se desarrollan los hechos objetivos y subjetivos del universo, y la configuración que influye sobre el desarrollo del mismo y de la consciencia universal es menester establecer los vínculos sutiles pero evidentes de lo que se entiende como destino y cuál es su sentido, si es que acaso puede entenderse que existe alguno. Al figurarnos que el futuro en su configuración completa es incognoscible también podemos determinar que el destino, sea cual fuere el objeto sobre el que se debate, es desconocido o al menos no es posible determinarlo en una visión a largo plazo o dentro de un esquema complejo.
En la actualidad, muchos de los gurus o pensadores new age han intentado imponer, con un gran éxito, su modo de pensar, que a pesar de identificarse con una nueva generación que busca encontrar su propio sentido y diferenciarse de las vicisitudes sufridas por las anteriores, ha perdido gran noción de la realidad que los rodea y enuncia de modo irresponsable una cantidad de máximas y frases hechas que no pueden haber surgido de una observación detallada, paciente y amplia del entorno global. Las generalizaciones en todo caso y en todos los casos están erradas, ya que sólo se aplican a entornos similares que compartan circunstancialmente elementos en común. Sabemos que cada evento es irrepetible y que genera singularidades únicas e irrepetibles dentro de las cuatro dimensiones.
Se inculca ahora metas subjetivas, no sólo inalcanzables, sino ajenas a la propia naturaleza del ser humano. El destino es visto como una serie de sucesos que han de acontecer, y que, ignorando otros factores circunstanciales, depende enteramente de la persona en sí. Esto es obviar la evidencia de que las condiciones de cada persona son particulares tanto objetiva como subjetivamente, y que existiera una receta única para alcanzar los resultados, que tampoco son propios. La relación entre destino y sentido aclarará mejor esta situación al ser correspondientes. Transformar los elementos que tenemos en el presente es lo que nos permite construir el futuro. Ahora, hay elementos que no están dentro de nuestro absoluto control y que son variables externas como lo vimos anteriormente y dependen de otras voluntades y de la configuración primaria que ha evolucionado hasta ahora.
¿Qué es lo que dota de sentido a la vida? Enfoquémonos primero en los actos más pequeños. Cada acción que ejecutamos tiene un sentido por sí misma y logra un objetivo, sea de manera consciente o inconsciente. Si alargamos la observación en el tiempo veremos que emerge un sentido sinérgico en el conjunto de acciones, y que éste engloba algo más que un objetivo personal y comienza a afectar las acciones, y por ende el destino, de otras personas. Cuanto más lejos llega la secuencia de acciones más su injerencia sobre el entorno.  Las acciones, a largo plazo, son motivadas por un propósito, pero ese propósito es creado desde el presente de la consciencia, y es ella la que le da el sentido. Esto en un enfoque macro hace que el sentido de la vida recaiga sobre lo que somos y lo que deseamos, pero a la vez sobre lo que es y desea el resto del universo. Es sólo cuando se genera un consenso a nivel del consciente, el subconsciente y el inconsciente colectivo que el destino por sí mismo genera un sentido sinérgico que ya no sólo nos pertenece como seres individuales.




domingo, 5 de abril de 2015

DESTINO Y SENTIDO (parte III)

Es momento de tratar otro enfoque de lo que llamamos destino y cómo en cierta manera en las tradiciones místicas ocultistas que ahora son tratadas como pseudo-ciencias, ya se había develado lo que aún es un terreno confuso o una creencia sin sentido. Y es irónico pues sus detractores se valen del método científico para descartar sus afirmaciones cuando éstas están basadas en un tipo de conocimiento distinto, o al menos cuyo verdadero origen está reafirmado, como lo es en psicología, en el estudio estadístico del comportamiento de los seres humanos. Para este caso específico, de la influencia cíclica de la posición de la tierra en escalas de tiempo.
Hemos visto en el capítulo anterior cómo es que a los fenómenos que sucedían y que no tenían explicación en la antigüedad se los trataba mediante mitos explicativos con una función simbólica. El zodiaco no está ajeno a esta premisa. De algún modo han perdurado hasta nuestros tiempos estas creencias y, como el común denominador de muchas de las ciencias ocultas, han sido distorsionadas de su verdadero origen y función en muchos de los casos. No es objeto de este texto involucrarnos en las razones por las cuales estos conocimientos fueron desvirtuados sino tratar de reivindicar información valiosa que ha sido vista con ojos recelosos por mucho tiempo.
Dejando de lado los conocimientos que culturalmente han perdurado hasta nuestros tiempos sobre lo que se conoce actualmente como el zodiaco, tenemos que separar el componente simbólico del realmente importante. Las representaciones morfológicas atribuidas al ordenamiento del caos de la distribución de la personalidad, conocida como el zodiaco, y que tiene más que ver con la escala correlacional del tiempo con las figuras observadas en el cielo, el cual era el calendario de la antigüedad, fueron determinadas en base a estas observaciones. Los componentes de la personalidad son muy variables, los más conocidos son los heredados genéticamente y los que se desarrollan socialmente al interactuar con el entorno. La correspondencia del tiempo ha sido sutilmente ignorada en esta ecuación. Bien, nuestros conocimientos acerca de la forma en que sucede este ordenamiento son aún indeterminados. ¿Cómo sabemos que sucede entonces?
Un trabajo de investigación profundo ha debido de haber ocurrido antes de que este análisis viera la luz. Si ordenáramos un grupo medianamente grande, global y heterogéneo de personas y analizáramos su comportamiento durante la mayor parte de su vida e intentáramos clasificarlos, ¿bajo qué criterios los ordenaríamos? El sentido común nos diría que los ordenáramos bajo parámetros concretos conocidos, pero estos no estarían ligados estrechamente a su comportamiento profundamente interior sino a matices culturales propios del entorno, es decir no a la esencia del ser, de donde se moldea la personalidad. Si pudiéramos clasificarlos por grandes rasgos de personalidad y ordenarlos, tal vez veríamos un patrón. Olvidémonos por un momento de las estrellas y de su influencia, sólo por un momento. Si el patrón tiene que ver con la escala de tiempo en que el sujeto ha nacido pues tendríamos aquí la primera clave para empezar a descifrar la pre-programación de la personalidad.
Tenemos la carga genética que al estar inmersa en la estructura orgánica del sujeto fija ciertas condiciones iniciales. El entorno inmediato bajo el cual se desarrolla esta estructura orgánica no es sólo social pues también está determinada por las condiciones del ambiente, tales como la altitud, latitud, incluso condiciones meteorológicas como la humedad, la temperatura, y por qué no: las influencias de los cuerpos que transitan el espacio. Tenemos que discutir algo aquí para los escépticos, quienes han “probado” que por ejemplo existe más influencia de la gravedad en la partera de nacimiento que de algún cuerpo celeste. Es algo mezquino simplemente ignorar gran parte de las otras variables que componen el universo y descontar que funciona como un sistema interconectado como vimos en capítulos anteriores. Cuando tenemos eventos que han sido determinados por la estadística es nuestro deber como científicos investigar la causa, no desacreditar el simbolismo que la representa sólo porque no se entiende el “cómo”. Tomemos el caso de cómo la luna afecta el comportamiento de los fluidos en el planeta, no digamos también de toda la materia, pues la gravedad afecta a todo. ¿Por qué las mujeres tienen un proceso cíclico llamado menstruación determinado por la posición del planeta en el sistema solar e influido por las fases de la luna? A este y otros fenómenos biológicos influenciados por el ambiente en su componente temporal se les estudia dentro de la cronobiología.
Si se toma en cuenta este hecho no será muy difícil entender cómo la posición de algo en el todo afecta su comportamiento y programación, y si entendemos que estas posiciones se repiten cíclicamente podemos deducir que existirán programaciones parecidas. Relacionar estos tres macro-componentes  puede ayudarnos a entender el dilema de la personalidad y cómo es que el zodiaco surgió. Respecto a las predicciones es un tema del cual aún yo me encuentro escéptico y que no he podido validar, y del cual no he encontrado ninguna teoría aceptable y mucho menos respetable para debatir; y que, si uno es consecuente con lo explicado anteriormente sobre el caos, puede descartar las predicciones generalistas.

¿Dónde entran las estrellas en esta descripción? Pues debemos entender que así como el sol define nuestra posición temporal dentro del sistema solar y regula ciertos ciclos y comportamientos estacionales y dentro de los ritmos circadianos, del mismo modo las estrellas determinan nuestra posición dentro del universo y, junto con el sol, los periodos cíclicos más grandes como los años o el ciclo equinoccial. La forma en que todos estos elementos interactúan debería ser materia de más investigación libre de prejuicios, pero también desde una perspectiva racional multidisciplinaria a largo plazo.



lunes, 16 de marzo de 2015

DESTINO Y SENTIDO (parte II)

Para los que no estén familiarizados con la teoría del caos, que ya no es sólo una teoría pues tiene aplicaciones prácticas en informática, meteorología, física cuántica y arquitectura fractálica, deben conocer que en sistemas dinámicos, como en el que estamos inmersos, incluso la más pequeña variación puede alterar significativamente las predicciones que se hagan sobre ese sistema. Salvo que se conocieran las condiciones “iniciales” de ese sistema y se conocieran absolutamente todas las variables de esa ecuación, sería imposible predecir con exactitud su comportamiento en el tiempo. El caos es simplemente la imposibilidad de trazar (desde nuestra perspectiva limitada claro está) los eventos que suceden y sus causas y consecuencias. Pero esto no quiere decir que no exista un ordenamiento dentro del caos, sólo que las bases de este ordenamiento son desconocidas o demasiado complejas.
Determinamos en el capítulo anterior que es bastante probable que todo haya existido siempre, es decir que no ha habido un inicio. Considerando esta propiedad del todo se evalúa hasta qué punto algo podría ser predecible. Debido a que todo está interconectado como un sistema, como vimos anteriormente, no sólo a un nivel mesurable, nada puede ser predicho con exactitud en la práctica.
Si nada puede ser realmente predecible dentro del rigor de la palabra exactitud, el futuro como definición cognoscible del tiempo no existe. Este concepto es muy liberador una vez entendido. Todo existe en potencia y queda en decisión de la consciencia la determinación de los actos que formarán su realidad ordenando el sistema caótico. Hagamos una analogía práctica para entender el asunto:
Imaginemos que cada ser humano es una partícula dentro de un universo de partículas. Ahora, cada una de ellas tiene un destino de llegada, que será diferente para cada una. Las partículas tienen una energía potencial que es activada en un universo dinámico al vencer la inercia. Esa acción y reacción es la que hace que los objetos se muevan. Si todas estas partículas entran en movimiento para intentar llegar a su destino es altamente probable que colisionen con otras y se desvíen de su ruta. Dentro de esta ecuación nos falta agregar una variable importante que es la “voluntad”, que es la que permite a la consciencia a llevar a acto las intenciones. De este modo tenemos que en nuestro universo más complejo el camino hacia el destino está plagado de variables, pero de las cuales las más importantes se pueden resumir en esta ecuación: destino = voluntad x circunstancias, donde: voluntad = acción x intención. Las circunstancias son la manera en que la búsqueda de alcanzar su destino de otros afecta nuestro propio camino, sea directamente como una colisión de partículas, o indirectamente como campos gravitatorios. Incluso hay cierto coeficiente de fricción presente que frena nuestras intenciones.
Dentro de todo este universo caótico lleno de variables mesurables y no mesurables también debemos tomar en cuenta el movimiento mismo del universo dinámico; por lo que ese punto llamado “destino” es variable en el tiempo. Pero como vemos es la voluntad una variable que podría estar en relación con la masa de la partícula, y es la que la hace menos susceptible a su entorno. Pero basta de analogías.
La voluntad es la que hace tomar forma al destino, sin ella la intención se queda sólo en energía potencial.



viernes, 6 de marzo de 2015

DESTINO Y SENTIDO (parte I)

Cuando se habla del concepto de destino muchos pensamientos surgen sobre el mismo. Concepciones más tradicionalistas atribuyen a los sucesos importantes en la vida un curso que ha sido marcado por el destino, cual si este fuera en realidad una entidad viva que mueve los hilos de las vidas. Para ser justos con esta concepción más inclinada a culturas del tipo de las que fenecieron hace muchos miles de años, cuando a todos los fenómenos inexplicables se les atribuía una motivación divina, se debe aclarar ciertos puntos.
La divinización de los fenómenos no era una acción exclusiva a los que se manifestaban de manera física sino que contemplaba otros aspectos menos visibles, pero no por ellos menos reales, de la vida humana. Es debido a la existencia de la consciencia y el sentido de la realidad que percibimos que surge la pregunta sobre la razón de la vida. Nuestra tendencia, como seres conscientes, a llenar vacíos llevó a culturas antiguas a recrear sus explicaciones con simbolismos que representaran las características que se percibían de aquellos fenómenos. De esta manera los simbolismos se propagaron y multiplicaron formando toda una mitología que explicara cada fenómeno perceptible del universo. El destino entonces adquirió los matices mitológicos y su simbolismo trascendió las barreras del tiempo. Es importante señalar que al reunir las características de una entidad existente, se crea una dualidad entre el observador o experimentador, es decir el ser humano y su consciencia, y entre los sucesos que acontecen en su vida, adquiriendo con ello una independencia sobre la voluntad del sujeto ajeno a su propia existencia. También en muchos casos se creía que este destino ya estaba escrito, es decir tenía una pre-existencia, por la cual todo lo que sucede es una simple puesta en marcha de un plan, o una repetición de algo que ya sucedió.
Trasciende que esta concepción no es del todo equivocada. Desde el inicio del último Bing Bang el universo es sólo el producto y acumulación de una cadena de eventos vinculados a una generalización de la tercera ley de Newton: a toda acción hay una reacción. Todo evento que ha ocurrido tiene otro precedente que lo ha ocasionado, esto desde el punto de vista de la física. Pero no podemos negar que esto es una verdad universal que no sólo contempla el campo de la materia sino también al universo inmaterial de los pensamientos y sentimientos. Según esto, todo está en capacidad de ser explicado. Pero para que todo pueda ser explicado sería necesario conocerlo todo, incluso cosas que nuestros sentidos clásicos no pueden percibir. Permítanme ser más claro.
El término quizás no sea que esté en “capacidad” sino que tiene el “potencial” de ser explicado, mas nuestras capacidades limitadas no pueden hacerlo. Un científico duro seguramente sonreirá con confianza con esta afirmación, pero iré más allá. La ciencia se ha construido bajo la premisa de que tiene el potencial de explicarlo todo, sólo que no puede explicarlo todo aún. No podría estar más de acuerdo sino fuera porque existirá un límite definido por el grado de evolución y desarrollo de la consciencia humana, sus capacidades intelectuales y lo limitado de sus sentidos. Como hablamos del destino, y éste está asociado al fenómeno sensorial de la cuarta dimensión que percibe la consciencia, enfocaré la relación entre ésta y su potencial explicativo. Dado que todo hecho precede a otro es posible, en teoría, predecir el futuro. El grado y la profundidad de la predicción estarán dados por la magnitud de conocimiento que tengamos de los hechos precedentes y del comportamiento de la naturaleza en ciertas circunstancias. Los modelos estadísticos nacen de esta observación. Si toda acción nace de una acción precedente… ¿no se podría afirmar en cierto sentido que todo lo que ocurrirá ya está determinado por el conjunto de acciones precedentes sean estas materiales o inmateriales?
Si recordamos que se explicó anteriormente que la consciencia está ligada a la existencia de lo material y viceversa, deberíamos aceptar esta afirmación. Los fenómenos físicos y químicos que ocurren en el cerebro y que generan la consciencia humana, en conjunto con los fenómenos sensoriales que perciben de su entorno y la interpretación que se hace de ello, generan lo que somos como personas, nuestros pensamientos, sentimientos y acciones. Somos productos de interrelaciones en varios niveles.
Esto nos lleva a revisar otra concepción del sentido de destino, en la cual nosotros somos capaces de formar ese destino con nuestras propias acciones. Y entonces nos situamos ante otra paradoja.
Desde el punto de vista de la consciencia humana tenemos la percepción de que somos dueños de nuestros pensamientos y acciones. Y esto es también una realidad… hasta cierto punto. Ya que la consciencia no puede percibir todos los fenómenos que ocurren y que lo afectan directa o indirectamente (recordemos el entrelazamiento cuántico), y menos aún procesar tal cantidad de información de manera inmediata para tomar las decisiones, incluso las más triviales; esta incapacidad le permite a la consciencia tomar el control y no percibir que sus acciones y pensamientos son producto de un sinfín de sucesos. La ignorancia es felicidad.

Sería muy irresponsable de mi parte no considerar que incluso el párrafo anterior afectará a quien lo lea, aunque fuera en una cantidad ínfima. Por ello me permitiré intentar unir estas dos paradojas que hemos visto hasta ahora: ordenamiento del caos y voluntad involuntaria.



lunes, 2 de marzo de 2015

EL INICIO: CONSCIENCIA Y EXISTENCIA (parte II)

El fenómeno de la consciencia no ha podido ser explicado aún. Los científicos creen que esta se origina en el cerebro, y razón no les falta por cuanto éste es el procesador donde se interpretan todos los estímulos sensoriales que percibimos y que en su conjunto van creando el mundo que conocemos. Pero ha de observarse que la interpretación de lo que significa la consciencia, al ser un término subjetivo, varía en la interpretación de diferentes corrientes científicas y no científicas, incluso entre cada sujeto en particular.
Si entendemos la consciencia como la interpretación que le da nuestro cerebro a los fenómenos sensoriales que recopila a través de los sentidos entonces tendremos que extender el fenómeno de la consciencia a otros seres vivos además del ser humano. Tal vez el fenómeno de la consciencia sea más complejo y tenga que ver, no sólo con la capacidad de reconocerse a sí mismo, sino de entenderse en el acto de “vivir” y todo lo que este engloba. Claro está, este análisis es válido sólo desde el punto de vista del ser humano. La consciencia podría englobar otras formas de percepción no directamente relacionada a los sentidos y no inherente al desarrollo de la inteligencia. Ya vimos en cuántica que las partículas tienen la propiedad de “comportarse” de manera arbitraria sin estar dotadas de ninguna de las particularidades que podemos entender en el concepto clásico de consciencia. Si todo en el universo tiene consciencia, ¿no sería más fácil presumir que la nuestra es sólo una consciencia fragmentada y que funciona de la manera particular en que lo hace en el ser humano por su composición química y arquitectura orgánica? Las células de nuestro cuerpo se comportan de cierta manera sin que el cerebro esté continuamente dando órdenes sobre lo que debe hacer o no. La programación del comportamiento celular vendría a ser una especie de consciencia celular, la cual define lo que es. Como es arriba es abajo. Al nacer todo de un único punto que lo contenía todo la consciencia universal también debió estar comprimida.
Entiéndase que esta explicación en ningún modo valida los mitos religiosos ligados a una consciencia superior que gobierna el universo, porque en todo caso cada consciencia gobierna su propia materia que la crea y viceversa; y en su conjunto todo funciona, paradójicamente, como un sistema caótico y ordenado.
Todo en el universo constituye un sistema, y cómo un sistema todo está interrelacionado y se afecta uno a otro en menor o mayor medida. Esto es una verdad ineludible en ambos modelos de la física, dónde sabemos que a toda acción hay una reacción (equivalente si se trata de sistemas aislados teóricos). En física cuántica otra de las propiedades de las partículas es el entrelazamiento cuántico, donde las partículas parecen estar enlazadas unas con otras a pesar de encontrarse separadas espacialmente, es decir, funcionan como un sistema interrelacionado sin una conexión mesurable.
Esta particularidad podría explicar muchas cosas, que para la ciencia aún se encuentran en un campo oscuro e indeterminado. El efecto mariposa que ocasionaría cierta acción no sólo afectaría sistemas vinculados sino sistemas no inmediatamente relacionados bajo esta premisa. Esto tanto a nivel macroscópico como microscópico. La telepatía podría ser uno de estos fenómenos, siempre y cuando se entienda en su concepto más abstracto como una intuición del pensamiento de otra persona. Este sexto sentido no es un sentido de “intuición” propiamente dicho, o de percepción de algo desconocido, sino que éstos son el resultado de lo que capta este sexto sentido. Tal vez lo que capta alguna parte de nuestro ser sean ondas o vibraciones que traen información de lo que sucede a nuestro alrededor y nuestros cerebros, como con cualquier otra información proveída por un órgano sensorial, debe decodificar e interpretar. Al ser algo abstracto sólo se puede entender a través de algo abstracto también: los sentimientos que, al no ser reconocidos, en realidad son pre-sentimientos. Un sistema sin relación inmediata afectando a otro. Basta el cambio en el comportamiento de una partícula para afectar a otra partícula entrelazada cuánticamente en un sistema similar, como lo son nuestros cerebros.




jueves, 26 de febrero de 2015

EL INICIO: CONSCIENCIA Y EXISTENCIA (parte I)

Uno de las principales discusiones que se da sobre el origen, no sólo de la vida, sino del universo entero, es sobre su inicio. Para sentar los precedentes de esta discusión debemos presentarlas como es debido.
Primero tenemos las creencias mitológicas, que atribuyen el universo y por consecuencia la vida, a la voluntad de un dios (o dioses). Sin el nacimiento de la ciencia moderna, la humanidad entera estuvo supeditada a estas creencias por miles de años, y aún en estos tiempos, mediante las religiones se mantienen estos mitos en muchos casos ignorando la función que les correspondía y tomándolo de manera literal.
Con el desarrollo de la ciencia, la observación y la tecnología pudimos descubrir y actualizar nuestros conocimientos hasta el punto de determinar en teoría que el universo tal como lo conocemos se originó en un “Big Bang” cuando todo lo que existe se encontraba concentrado en un solo punto que luego mediante una explosión fabulosa inició su expansión, expansión en la que nos encontramos actualmente. Claro está, este es sólo uno de varios modelos cosmológicos acerca del origen del universo.
El término “inicio” en sí resulta ser engañoso. Veamos que en las creencias mitológicas hay un profundo arraigo al ego o la consciencia, pues se determina un inicio del universo o del mundo existente conforme aparece la consciencia. “Pienso luego existo”. También podría determinarse como un “soy consciente del universo, luego este existe”. Desde el punto de vista objetivo materialista esta analogía podría ser incorrecta ya que la materia sigue ahí independientemente de si es percibida o no por un organismo consciente. Extendamos este concepto un poco más dentro del punto de vista mitológico. La aseveración anterior resulta no ser del todo exacta ya que en diferentes mitos religiosos el ser humano fue “creado” posteriormente, entonces se entendería que existiría una consciencia anterior (divina) creadora del universo, pero surge una vez más la pregunta de si esta consciencia divina tendría que existir para percibirse a sí misma.
Si tomamos el sentido de las narraciones descritas en las religiones hacia su verdadera función filosófica como explicación simbólica del universo y añadimos los datos conocidos hasta ahora mediante la ciencia en sus modelos de física estándar y cuántica podemos determinar que nada de esto es un disparate. Dios, esto es, el universo, siempre debe haber existido y por tanto no existe un inicio.
Según la ley de la conservación de la energía, esta no se crea ni se destruye, sino que sólo se transforma. Para que el todo pueda existir debe haber existido siempre. Pueda ser un concepto difícil de digerir cuando entendemos el tiempo como algo unidireccional e implícito como una dimensión más del universo. El tiempo es relativo porque depende de la consciencia, ésta sólo puede percibir el universo de manera unidireccional y limitada a la existencia del propio organismo que la percibe. Siendo que la energía no se crea ni se destruye, y bajo el postulado que la materia propiamente es energía en estado potencial, todo lo que existe y existirá es materia o energía, que simplemente son estados de un mismo concepto.
El origen de la consciencia es un asunto más difícil de dilucidar, pero es un punto clave. Ya que la deducción  del origen del mundo físico en un estado ajeno al tiempo, o digamos en un tiempo infinito, sin un comienzo o un fin, nos puede tentar hacia la deducción de que la consciencia también siempre debe de haber existido. Probar este asunto es una de las dificultades de las que se señalaron en la introducción de este libro. ¿Es la materia la que crea la consciencia, o al revés?

En el universo cuántico se rigen leyes diferentes a las del modelo estándar de la física. Digamos que a niveles subatómicos la naturaleza de las partículas se comporta diferente a las que conocemos para el mundo visible. Una propiedad en particular enuncia que el comportamiento de una partícula varía según la perspectiva del observador, como si su consciencia influyera definiendo su mundo, que antes de su observación o percepción es un conjunto de eventos potenciales. Entonces podría deducirse que para cada universo físico corresponde una consciencia que la “crea”. Con el Bing Bang esta consciencia se dispersó al igual que la materia de un solo punto a la totalidad del universo que existe ahora. La distribución de la materia a lo extenso del universo está sujeto a las leyes conocidas de la física como la gravitación pero igualmente hay eventos que no parecen corresponder con las predicciones de los físicos sobre cómo debería comportarse esta materia. Esto fue antes que se descubriera la presencia de dos componentes del universo que de por si resultan ser el 91% del universo. Hablamos de la materia oscura y la energía oscura. 






lunes, 12 de enero de 2015

Ambigüedad del Karma

Por mucho tiempo, quizás demasiado, condicioné mi vida a un concepto que me resultó tan ajeno como funesto. Un hecho como que la vida da vueltas y las acciones que hagas algún día regresarán como un boomerang para golpearte desprevenido, por lo tanto habría que ser bueno en un sentido convencional de la palabra... incluso aún si estas acciones en realidad fueran reacciones. Años de golpes tras golpes no parecían traer una recompensa ni aún menos castigar a aquellos causantes de mis desgracias fueran pequeñas o grandes y el karma nunca pagó con la misma moneda. Como todo espíritu inquieto me rehusé a no entender y dejar las cosas como estaban, a seguir esperando que ese pago llegara. Luego a medida que comprendía que la vida no era tan simple, a medida que comprendía la complejidad de todas las cosas, a medida que abría mis ojos intuí que esta era una verdad a medias. Comprendí que cuando las cosas me iban mal no era el resultado de alguna mala acción, sino una consecuencia directa de mis acciones... o de mi falta de acciones. Quedé desolado tan sólo por unos momentos, luego comencé a ver esas malas rachas como realmente eran, sin el cristal deformador de mis sentimientos de justicia que al fin y al cabo son un concepto humano y por lo tanto inventado; comencé a verlos no como una sucesión de eventos relacionados con otros en mi vida, recientes ambos pero muy ajenos unos de los otros. Apartados estos sentimientos y a plena conciencia pude establecer la correcta correspondencia entre cada uno y entonces logré ver que eso que llamamos karma no es una conciencia humana y dado el caso la forma en que devuelve lo que se da es más motivado por una de las leyes de newton y no por el ya mencionado deseo de justicia. Y entonces me fue claro, ya que hace un tiempo buscando el concepto de justicia era el de restablecer las cosas a un estado anterior de "equilibrio", y a menos que la justicia tenga alguna forma de retroceder el tiempo y de congelar el mundo, se hace imposible de aplicar en la realidad. Sí, el karma existe pero no como lo conocemos, este se rige por la teoría del caos y en el caos todo es posible, de modo que hay que andar con cuidado, el bien y el mal sólo existen en nuestra mente y son conceptos muy arraigados a nuestros intereses, el karma no sabe discriminar... nosotros sí...