lunes, 2 de marzo de 2015

EL INICIO: CONSCIENCIA Y EXISTENCIA (parte II)

El fenómeno de la consciencia no ha podido ser explicado aún. Los científicos creen que esta se origina en el cerebro, y razón no les falta por cuanto éste es el procesador donde se interpretan todos los estímulos sensoriales que percibimos y que en su conjunto van creando el mundo que conocemos. Pero ha de observarse que la interpretación de lo que significa la consciencia, al ser un término subjetivo, varía en la interpretación de diferentes corrientes científicas y no científicas, incluso entre cada sujeto en particular.
Si entendemos la consciencia como la interpretación que le da nuestro cerebro a los fenómenos sensoriales que recopila a través de los sentidos entonces tendremos que extender el fenómeno de la consciencia a otros seres vivos además del ser humano. Tal vez el fenómeno de la consciencia sea más complejo y tenga que ver, no sólo con la capacidad de reconocerse a sí mismo, sino de entenderse en el acto de “vivir” y todo lo que este engloba. Claro está, este análisis es válido sólo desde el punto de vista del ser humano. La consciencia podría englobar otras formas de percepción no directamente relacionada a los sentidos y no inherente al desarrollo de la inteligencia. Ya vimos en cuántica que las partículas tienen la propiedad de “comportarse” de manera arbitraria sin estar dotadas de ninguna de las particularidades que podemos entender en el concepto clásico de consciencia. Si todo en el universo tiene consciencia, ¿no sería más fácil presumir que la nuestra es sólo una consciencia fragmentada y que funciona de la manera particular en que lo hace en el ser humano por su composición química y arquitectura orgánica? Las células de nuestro cuerpo se comportan de cierta manera sin que el cerebro esté continuamente dando órdenes sobre lo que debe hacer o no. La programación del comportamiento celular vendría a ser una especie de consciencia celular, la cual define lo que es. Como es arriba es abajo. Al nacer todo de un único punto que lo contenía todo la consciencia universal también debió estar comprimida.
Entiéndase que esta explicación en ningún modo valida los mitos religiosos ligados a una consciencia superior que gobierna el universo, porque en todo caso cada consciencia gobierna su propia materia que la crea y viceversa; y en su conjunto todo funciona, paradójicamente, como un sistema caótico y ordenado.
Todo en el universo constituye un sistema, y cómo un sistema todo está interrelacionado y se afecta uno a otro en menor o mayor medida. Esto es una verdad ineludible en ambos modelos de la física, dónde sabemos que a toda acción hay una reacción (equivalente si se trata de sistemas aislados teóricos). En física cuántica otra de las propiedades de las partículas es el entrelazamiento cuántico, donde las partículas parecen estar enlazadas unas con otras a pesar de encontrarse separadas espacialmente, es decir, funcionan como un sistema interrelacionado sin una conexión mesurable.
Esta particularidad podría explicar muchas cosas, que para la ciencia aún se encuentran en un campo oscuro e indeterminado. El efecto mariposa que ocasionaría cierta acción no sólo afectaría sistemas vinculados sino sistemas no inmediatamente relacionados bajo esta premisa. Esto tanto a nivel macroscópico como microscópico. La telepatía podría ser uno de estos fenómenos, siempre y cuando se entienda en su concepto más abstracto como una intuición del pensamiento de otra persona. Este sexto sentido no es un sentido de “intuición” propiamente dicho, o de percepción de algo desconocido, sino que éstos son el resultado de lo que capta este sexto sentido. Tal vez lo que capta alguna parte de nuestro ser sean ondas o vibraciones que traen información de lo que sucede a nuestro alrededor y nuestros cerebros, como con cualquier otra información proveída por un órgano sensorial, debe decodificar e interpretar. Al ser algo abstracto sólo se puede entender a través de algo abstracto también: los sentimientos que, al no ser reconocidos, en realidad son pre-sentimientos. Un sistema sin relación inmediata afectando a otro. Basta el cambio en el comportamiento de una partícula para afectar a otra partícula entrelazada cuánticamente en un sistema similar, como lo son nuestros cerebros.




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