El fenómeno de la
consciencia no ha podido ser explicado aún. Los científicos creen que esta se
origina en el cerebro, y razón no les falta por cuanto éste es el procesador
donde se interpretan todos los estímulos sensoriales que percibimos y que en su
conjunto van creando el mundo que conocemos. Pero ha de observarse que la
interpretación de lo que significa la consciencia, al ser un término subjetivo,
varía en la interpretación de diferentes corrientes científicas y no
científicas, incluso entre cada sujeto en particular.
Si entendemos la
consciencia como la interpretación que le da nuestro cerebro a los fenómenos
sensoriales que recopila a través de los sentidos entonces tendremos que
extender el fenómeno de la consciencia a otros seres vivos además del ser
humano. Tal vez el fenómeno de la consciencia sea más complejo y tenga que ver,
no sólo con la capacidad de reconocerse a sí mismo, sino de entenderse en el
acto de “vivir” y todo lo que este engloba. Claro está, este análisis es válido
sólo desde el punto de vista del ser humano. La consciencia podría englobar
otras formas de percepción no directamente relacionada a los sentidos y no
inherente al desarrollo de la inteligencia. Ya vimos en cuántica que las
partículas tienen la propiedad de “comportarse” de manera arbitraria sin estar
dotadas de ninguna de las particularidades que podemos entender en el concepto
clásico de consciencia. Si todo en el universo tiene consciencia, ¿no sería más
fácil presumir que la nuestra es sólo una consciencia fragmentada y que
funciona de la manera particular en que lo hace en el ser humano por su
composición química y arquitectura orgánica? Las células de nuestro cuerpo se
comportan de cierta manera sin que el cerebro esté continuamente dando órdenes
sobre lo que debe hacer o no. La programación del comportamiento celular
vendría a ser una especie de consciencia celular, la cual define lo que es.
Como es arriba es abajo. Al nacer todo de un único punto que lo contenía todo
la consciencia universal también debió estar comprimida.
Entiéndase que esta
explicación en ningún modo valida los mitos religiosos ligados a una
consciencia superior que gobierna el universo, porque en todo caso cada
consciencia gobierna su propia materia que la crea y viceversa; y en su
conjunto todo funciona, paradójicamente, como un sistema caótico y ordenado.
Todo en el universo
constituye un sistema, y cómo un sistema todo está interrelacionado y se afecta
uno a otro en menor o mayor medida. Esto es una verdad ineludible en ambos
modelos de la física, dónde sabemos que a toda acción hay una reacción
(equivalente si se trata de sistemas aislados teóricos). En física cuántica
otra de las propiedades de las partículas es el entrelazamiento cuántico, donde
las partículas parecen estar enlazadas unas con otras a pesar de encontrarse
separadas espacialmente, es decir, funcionan como un sistema interrelacionado
sin una conexión mesurable.
Esta particularidad
podría explicar muchas cosas, que para la ciencia aún se encuentran en un campo
oscuro e indeterminado. El efecto mariposa que ocasionaría cierta acción no
sólo afectaría sistemas vinculados sino sistemas no inmediatamente relacionados
bajo esta premisa. Esto tanto a nivel macroscópico como microscópico. La
telepatía podría ser uno de estos fenómenos, siempre y cuando se entienda en su
concepto más abstracto como una intuición del pensamiento de otra persona. Este
sexto sentido no es un sentido de “intuición” propiamente dicho, o de
percepción de algo desconocido, sino que éstos son el resultado de lo que capta
este sexto sentido. Tal vez lo que capta alguna parte de nuestro ser sean ondas
o vibraciones que traen información de lo que sucede a nuestro alrededor y
nuestros cerebros, como con cualquier otra información proveída por un órgano
sensorial, debe decodificar e interpretar. Al ser algo abstracto sólo se puede
entender a través de algo abstracto también: los sentimientos que, al no ser
reconocidos, en realidad son pre-sentimientos. Un sistema sin relación
inmediata afectando a otro. Basta el cambio en el comportamiento de una
partícula para afectar a otra partícula entrelazada cuánticamente en un sistema
similar, como lo son nuestros cerebros.
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