jueves, 26 de febrero de 2015

EL INICIO: CONSCIENCIA Y EXISTENCIA (parte I)

Uno de las principales discusiones que se da sobre el origen, no sólo de la vida, sino del universo entero, es sobre su inicio. Para sentar los precedentes de esta discusión debemos presentarlas como es debido.
Primero tenemos las creencias mitológicas, que atribuyen el universo y por consecuencia la vida, a la voluntad de un dios (o dioses). Sin el nacimiento de la ciencia moderna, la humanidad entera estuvo supeditada a estas creencias por miles de años, y aún en estos tiempos, mediante las religiones se mantienen estos mitos en muchos casos ignorando la función que les correspondía y tomándolo de manera literal.
Con el desarrollo de la ciencia, la observación y la tecnología pudimos descubrir y actualizar nuestros conocimientos hasta el punto de determinar en teoría que el universo tal como lo conocemos se originó en un “Big Bang” cuando todo lo que existe se encontraba concentrado en un solo punto que luego mediante una explosión fabulosa inició su expansión, expansión en la que nos encontramos actualmente. Claro está, este es sólo uno de varios modelos cosmológicos acerca del origen del universo.
El término “inicio” en sí resulta ser engañoso. Veamos que en las creencias mitológicas hay un profundo arraigo al ego o la consciencia, pues se determina un inicio del universo o del mundo existente conforme aparece la consciencia. “Pienso luego existo”. También podría determinarse como un “soy consciente del universo, luego este existe”. Desde el punto de vista objetivo materialista esta analogía podría ser incorrecta ya que la materia sigue ahí independientemente de si es percibida o no por un organismo consciente. Extendamos este concepto un poco más dentro del punto de vista mitológico. La aseveración anterior resulta no ser del todo exacta ya que en diferentes mitos religiosos el ser humano fue “creado” posteriormente, entonces se entendería que existiría una consciencia anterior (divina) creadora del universo, pero surge una vez más la pregunta de si esta consciencia divina tendría que existir para percibirse a sí misma.
Si tomamos el sentido de las narraciones descritas en las religiones hacia su verdadera función filosófica como explicación simbólica del universo y añadimos los datos conocidos hasta ahora mediante la ciencia en sus modelos de física estándar y cuántica podemos determinar que nada de esto es un disparate. Dios, esto es, el universo, siempre debe haber existido y por tanto no existe un inicio.
Según la ley de la conservación de la energía, esta no se crea ni se destruye, sino que sólo se transforma. Para que el todo pueda existir debe haber existido siempre. Pueda ser un concepto difícil de digerir cuando entendemos el tiempo como algo unidireccional e implícito como una dimensión más del universo. El tiempo es relativo porque depende de la consciencia, ésta sólo puede percibir el universo de manera unidireccional y limitada a la existencia del propio organismo que la percibe. Siendo que la energía no se crea ni se destruye, y bajo el postulado que la materia propiamente es energía en estado potencial, todo lo que existe y existirá es materia o energía, que simplemente son estados de un mismo concepto.
El origen de la consciencia es un asunto más difícil de dilucidar, pero es un punto clave. Ya que la deducción  del origen del mundo físico en un estado ajeno al tiempo, o digamos en un tiempo infinito, sin un comienzo o un fin, nos puede tentar hacia la deducción de que la consciencia también siempre debe de haber existido. Probar este asunto es una de las dificultades de las que se señalaron en la introducción de este libro. ¿Es la materia la que crea la consciencia, o al revés?

En el universo cuántico se rigen leyes diferentes a las del modelo estándar de la física. Digamos que a niveles subatómicos la naturaleza de las partículas se comporta diferente a las que conocemos para el mundo visible. Una propiedad en particular enuncia que el comportamiento de una partícula varía según la perspectiva del observador, como si su consciencia influyera definiendo su mundo, que antes de su observación o percepción es un conjunto de eventos potenciales. Entonces podría deducirse que para cada universo físico corresponde una consciencia que la “crea”. Con el Bing Bang esta consciencia se dispersó al igual que la materia de un solo punto a la totalidad del universo que existe ahora. La distribución de la materia a lo extenso del universo está sujeto a las leyes conocidas de la física como la gravitación pero igualmente hay eventos que no parecen corresponder con las predicciones de los físicos sobre cómo debería comportarse esta materia. Esto fue antes que se descubriera la presencia de dos componentes del universo que de por si resultan ser el 91% del universo. Hablamos de la materia oscura y la energía oscura. 






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