martes, 18 de febrero de 2014

Justicia

Desde el punto de vista humano, la idea de justicia siempre ha existido, y no hablo del refinado concepto forjado culturalmente a través de generaciones y diferenciado por esta misma razón según el camino tomado por cada grupo social mientras avanzaba la historia. La justicia como idea humana de la búsqueda de una equidad entre individuos o de una retribución ante un acto perjudicial que violentara esta presunta equidad dio lugar a la justicia social como forma de orden, pero también de estandarización de unos derechos que pretendemos asignarnos al nacer cual si fuéramos un producto o mercancía. 
En primer lugar la justicia, al ser un concepto totalmente humano, no existe. Pretender que una serie de normas logren equiparar a todos los individuos con unos derechos también inventados e incluso antinaturales es simplemente inaudito. Como punto de vista de principio ético podría verse a la justicia como un intento de que exista el bien común, el problema comienza cuando para poder definir este bien común se normaliza las conductas como correctas o incorrectas, bien esto incluso dependiendo de factores moralistas religiosos, políticos o de otra índole. Entonces la justicia sólo llega a ser el cumplimiento de leyes, jugar un juego según reglas que en muchos casos no conocemos, son incomprensibles o inaplicables para nuestra vida natural. Desde el punto de vista personal es aún peor ya que la justicia se basa en concepciones de lo que culturalmente nos parece que es correcto aunque sus consecuencias dañen o perjudiquen al resto o sean diametralmente opuestas a las de otro individuo, al que irónicamente consideramos injusto.
Ahora bien, esto sucede a priori. ¿Qué sucede cuando este aparente e imaginario balance se rompe? En muchos casos ya estaba roto. ¿Juzgaremos a la naturaleza por un bebé con un mal congénito, por alguna mutación o afección que limite su vida como individuo? ¿Pueden y deben tener las mismas oportunidades los discapacitados, aunque su rendimiento y productividad sea menor a la del resto? Pero el tema va más allá. Vayamos a las consecuencias de un acto humano. La justicia en este sentido está definida como devolver al estado original de equilibrio una situación. ¿Es justicia entonces encerrar a alguien por haber matado a alguien por ejemplo? El equilibrio una vez roto nunca vuelve de la misma manera, nunca podrá ser el mismo y por ende la justicia no existe sino la retribución, la pena, la venganza, nunca la justicia porque esta no existe, no al menos desde el punto de vista socialmente aceptado como también te lo explican en este artículo. Aquellos que dicen que existe el bien y el mal, que debe haber una idea de justicia son aquellos que nunca han visto o entendido el mundo natural, donde ningún otro ser vivo busca justicia porque un león mató a una cebra.


viernes, 10 de enero de 2014

Preocupaciones modernas

Hoy por hoy, en estos agitados tiempos modernos, donde apenas hay tiempo para detenerse a pensar sobre si este juego que estamos jugando hoy es efectivamente el juego que debemos jugar, las preocupaciones actuales distan mucho de ser aquellas que estén ligadas a un sentido supremo del ser humano.
Es preocupante, a mi parecer, que una abrumadora mayoría de personas no se den cuenta de este pequeño "gran" detalle. El juego mismo es diseñado para que aquellos que se encuentren inmersos en él no puedan darse cuenta que lo están jugando. Después de un tiempo esto se trasmite a través de generaciones como "la vida". Estudios como la filosofía, la lógica en su estado puro, son desdeñadas porque ocupan "mucho tiempo" o aburren. Está claro que estamos en la era del entretenimiento, en la cual los medios de comunicación son herramientas de adiestramiento y posteriormente de distracción. Pero dejemos a un lado "lo que está sucediendo y no te enteras" y pensemos también en "lo que no sucede porque no te lo permites".

En la pasada década muchos movimientos empezaron a surgir ante la crisis mundial. No, no hablo de la crisis financiera, hablo de esa crisis de espíritu que esta instalada en las entrañas mismas de la sociedad: indiferencia, resignación, egocentrismo, codicia y una larga lista de etcéteras conforman el mundo. Se habla de castigos más severos, se habla de reformas, se habla y se habla. Pero nunca de soluciones definitivas, pues el abanico ofrecido sigue siendo parte de las cartas del juego (cual si fuera monopolio) con respuestas que sólo remueven la superficialidad de los asuntos, nunca el problema de fondo.

La superficialidad se ha posesionado del mundo, y sus implicancias, a modo irónico, son atacadas por los nuevos "filósofos" de la nueva era de modo también superficial, porque su pensamiento muy a pesar suyo también lo es. ¿Cómo dirigir entonces los esfuerzos de la sociedad para hacer una reforma real?

Primero debes preguntarte el problema importante: ¿es realmente esto que vivimos lo que debería ser la vida?  Olvídate por un momento de todos tus paradigmas y mira al ser humano y su entorno natural...
¿No te parece que este juego absurdo en el que se ha convertido el sistema financiero y eso que llamamos el mundo laboral con la excusa bajo la cual se esclaviza conscientemente a un persona no tiene un sentido? podría ser diferente, no con reformas de educación o laborales o financieras. Sino con el rediseño de la sociedad de forma profunda, la reforma del espíritu y el planteo de soluciones "definitivas" a los problemas.