Es momento de tratar otro
enfoque de lo que llamamos destino y cómo en cierta manera en las tradiciones
místicas ocultistas que ahora son tratadas como pseudo-ciencias, ya se había develado
lo que aún es un terreno confuso o una creencia sin sentido. Y es irónico pues
sus detractores se valen del método científico para descartar sus afirmaciones
cuando éstas están basadas en un tipo de conocimiento distinto, o al menos cuyo
verdadero origen está reafirmado, como lo es en psicología, en el estudio
estadístico del comportamiento de los seres humanos. Para este caso específico,
de la influencia cíclica de la posición de la tierra en escalas de tiempo.
Hemos visto en el
capítulo anterior cómo es que a los fenómenos que sucedían y que no tenían
explicación en la antigüedad se los trataba mediante mitos explicativos con una
función simbólica. El zodiaco no está ajeno a esta premisa. De algún modo han
perdurado hasta nuestros tiempos estas creencias y, como el común denominador
de muchas de las ciencias ocultas, han sido distorsionadas de su verdadero
origen y función en muchos de los casos. No es objeto de este texto
involucrarnos en las razones por las cuales estos conocimientos fueron desvirtuados
sino tratar de reivindicar información valiosa que ha sido vista con ojos
recelosos por mucho tiempo.
Dejando de lado los
conocimientos que culturalmente han perdurado hasta nuestros tiempos sobre lo
que se conoce actualmente como el zodiaco, tenemos que separar el componente
simbólico del realmente importante. Las representaciones morfológicas
atribuidas al ordenamiento del caos de la distribución de la personalidad,
conocida como el zodiaco, y que tiene más que ver con la escala correlacional
del tiempo con las figuras observadas en el cielo, el cual era el calendario de
la antigüedad, fueron determinadas en base a estas observaciones. Los
componentes de la personalidad son muy variables, los más conocidos son los
heredados genéticamente y los que se desarrollan socialmente al interactuar con
el entorno. La correspondencia del tiempo ha sido sutilmente ignorada en esta
ecuación. Bien, nuestros conocimientos acerca de la forma en que sucede este
ordenamiento son aún indeterminados. ¿Cómo sabemos que sucede entonces?
Un trabajo de
investigación profundo ha debido de haber ocurrido antes de que este análisis
viera la luz. Si ordenáramos un grupo medianamente grande, global y heterogéneo
de personas y analizáramos su comportamiento durante la mayor parte de su vida
e intentáramos clasificarlos, ¿bajo qué criterios los ordenaríamos? El sentido
común nos diría que los ordenáramos bajo parámetros concretos conocidos, pero
estos no estarían ligados estrechamente a su comportamiento profundamente
interior sino a matices culturales propios del entorno, es decir no a la
esencia del ser, de donde se moldea la personalidad. Si pudiéramos
clasificarlos por grandes rasgos de personalidad y ordenarlos, tal vez veríamos
un patrón. Olvidémonos por un momento de las estrellas y de su influencia, sólo
por un momento. Si el patrón tiene que ver con la escala de tiempo en que el
sujeto ha nacido pues tendríamos aquí la primera clave para empezar a descifrar
la pre-programación de la personalidad.
Tenemos la carga genética
que al estar inmersa en la estructura orgánica del sujeto fija ciertas
condiciones iniciales. El entorno inmediato bajo el cual se desarrolla esta
estructura orgánica no es sólo social pues también está determinada por las
condiciones del ambiente, tales como la altitud, latitud, incluso condiciones
meteorológicas como la humedad, la temperatura, y por qué no: las influencias
de los cuerpos que transitan el espacio. Tenemos que discutir algo aquí para
los escépticos, quienes han “probado” que por ejemplo existe más influencia de
la gravedad en la partera de nacimiento que de algún cuerpo celeste. Es algo
mezquino simplemente ignorar gran parte de las otras variables que componen el
universo y descontar que funciona como un sistema interconectado como vimos en
capítulos anteriores. Cuando tenemos eventos que han sido determinados por la
estadística es nuestro deber como científicos investigar la causa, no
desacreditar el simbolismo que la representa sólo porque no se entiende el
“cómo”. Tomemos el caso de cómo la luna afecta el comportamiento de los fluidos
en el planeta, no digamos también de toda la materia, pues la gravedad afecta a
todo. ¿Por qué las mujeres tienen un proceso cíclico llamado menstruación
determinado por la posición del planeta en el sistema solar e influido por las
fases de la luna? A este y otros fenómenos biológicos influenciados por el
ambiente en su componente temporal se les estudia dentro de la cronobiología.
Si se toma en cuenta este
hecho no será muy difícil entender cómo la posición de algo en el todo afecta
su comportamiento y programación, y si entendemos que estas posiciones se
repiten cíclicamente podemos deducir que existirán programaciones parecidas. Relacionar
estos tres macro-componentes puede
ayudarnos a entender el dilema de la personalidad y cómo es que el zodiaco
surgió. Respecto a las predicciones es un tema del cual aún yo me encuentro
escéptico y que no he podido validar, y del cual no he encontrado ninguna
teoría aceptable y mucho menos respetable para debatir; y que, si uno es
consecuente con lo explicado anteriormente sobre el caos, puede descartar las
predicciones generalistas.
¿Dónde entran las
estrellas en esta descripción? Pues debemos entender que así como el sol define
nuestra posición temporal dentro del sistema solar y regula ciertos ciclos y
comportamientos estacionales y dentro de los ritmos circadianos, del mismo modo
las estrellas determinan nuestra posición dentro del universo y, junto con el
sol, los periodos cíclicos más grandes como los años o el ciclo equinoccial. La
forma en que todos estos elementos interactúan debería ser materia de más
investigación libre de prejuicios, pero también desde una perspectiva racional
multidisciplinaria a largo plazo.

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