domingo, 5 de abril de 2015

DESTINO Y SENTIDO (parte III)

Es momento de tratar otro enfoque de lo que llamamos destino y cómo en cierta manera en las tradiciones místicas ocultistas que ahora son tratadas como pseudo-ciencias, ya se había develado lo que aún es un terreno confuso o una creencia sin sentido. Y es irónico pues sus detractores se valen del método científico para descartar sus afirmaciones cuando éstas están basadas en un tipo de conocimiento distinto, o al menos cuyo verdadero origen está reafirmado, como lo es en psicología, en el estudio estadístico del comportamiento de los seres humanos. Para este caso específico, de la influencia cíclica de la posición de la tierra en escalas de tiempo.
Hemos visto en el capítulo anterior cómo es que a los fenómenos que sucedían y que no tenían explicación en la antigüedad se los trataba mediante mitos explicativos con una función simbólica. El zodiaco no está ajeno a esta premisa. De algún modo han perdurado hasta nuestros tiempos estas creencias y, como el común denominador de muchas de las ciencias ocultas, han sido distorsionadas de su verdadero origen y función en muchos de los casos. No es objeto de este texto involucrarnos en las razones por las cuales estos conocimientos fueron desvirtuados sino tratar de reivindicar información valiosa que ha sido vista con ojos recelosos por mucho tiempo.
Dejando de lado los conocimientos que culturalmente han perdurado hasta nuestros tiempos sobre lo que se conoce actualmente como el zodiaco, tenemos que separar el componente simbólico del realmente importante. Las representaciones morfológicas atribuidas al ordenamiento del caos de la distribución de la personalidad, conocida como el zodiaco, y que tiene más que ver con la escala correlacional del tiempo con las figuras observadas en el cielo, el cual era el calendario de la antigüedad, fueron determinadas en base a estas observaciones. Los componentes de la personalidad son muy variables, los más conocidos son los heredados genéticamente y los que se desarrollan socialmente al interactuar con el entorno. La correspondencia del tiempo ha sido sutilmente ignorada en esta ecuación. Bien, nuestros conocimientos acerca de la forma en que sucede este ordenamiento son aún indeterminados. ¿Cómo sabemos que sucede entonces?
Un trabajo de investigación profundo ha debido de haber ocurrido antes de que este análisis viera la luz. Si ordenáramos un grupo medianamente grande, global y heterogéneo de personas y analizáramos su comportamiento durante la mayor parte de su vida e intentáramos clasificarlos, ¿bajo qué criterios los ordenaríamos? El sentido común nos diría que los ordenáramos bajo parámetros concretos conocidos, pero estos no estarían ligados estrechamente a su comportamiento profundamente interior sino a matices culturales propios del entorno, es decir no a la esencia del ser, de donde se moldea la personalidad. Si pudiéramos clasificarlos por grandes rasgos de personalidad y ordenarlos, tal vez veríamos un patrón. Olvidémonos por un momento de las estrellas y de su influencia, sólo por un momento. Si el patrón tiene que ver con la escala de tiempo en que el sujeto ha nacido pues tendríamos aquí la primera clave para empezar a descifrar la pre-programación de la personalidad.
Tenemos la carga genética que al estar inmersa en la estructura orgánica del sujeto fija ciertas condiciones iniciales. El entorno inmediato bajo el cual se desarrolla esta estructura orgánica no es sólo social pues también está determinada por las condiciones del ambiente, tales como la altitud, latitud, incluso condiciones meteorológicas como la humedad, la temperatura, y por qué no: las influencias de los cuerpos que transitan el espacio. Tenemos que discutir algo aquí para los escépticos, quienes han “probado” que por ejemplo existe más influencia de la gravedad en la partera de nacimiento que de algún cuerpo celeste. Es algo mezquino simplemente ignorar gran parte de las otras variables que componen el universo y descontar que funciona como un sistema interconectado como vimos en capítulos anteriores. Cuando tenemos eventos que han sido determinados por la estadística es nuestro deber como científicos investigar la causa, no desacreditar el simbolismo que la representa sólo porque no se entiende el “cómo”. Tomemos el caso de cómo la luna afecta el comportamiento de los fluidos en el planeta, no digamos también de toda la materia, pues la gravedad afecta a todo. ¿Por qué las mujeres tienen un proceso cíclico llamado menstruación determinado por la posición del planeta en el sistema solar e influido por las fases de la luna? A este y otros fenómenos biológicos influenciados por el ambiente en su componente temporal se les estudia dentro de la cronobiología.
Si se toma en cuenta este hecho no será muy difícil entender cómo la posición de algo en el todo afecta su comportamiento y programación, y si entendemos que estas posiciones se repiten cíclicamente podemos deducir que existirán programaciones parecidas. Relacionar estos tres macro-componentes  puede ayudarnos a entender el dilema de la personalidad y cómo es que el zodiaco surgió. Respecto a las predicciones es un tema del cual aún yo me encuentro escéptico y que no he podido validar, y del cual no he encontrado ninguna teoría aceptable y mucho menos respetable para debatir; y que, si uno es consecuente con lo explicado anteriormente sobre el caos, puede descartar las predicciones generalistas.

¿Dónde entran las estrellas en esta descripción? Pues debemos entender que así como el sol define nuestra posición temporal dentro del sistema solar y regula ciertos ciclos y comportamientos estacionales y dentro de los ritmos circadianos, del mismo modo las estrellas determinan nuestra posición dentro del universo y, junto con el sol, los periodos cíclicos más grandes como los años o el ciclo equinoccial. La forma en que todos estos elementos interactúan debería ser materia de más investigación libre de prejuicios, pero también desde una perspectiva racional multidisciplinaria a largo plazo.