Luego de este breve
preludio de las bases sobre las que se desarrollan los hechos objetivos y
subjetivos del universo, y la configuración que influye sobre el desarrollo del
mismo y de la consciencia universal es menester establecer los vínculos sutiles
pero evidentes de lo que se entiende como destino y cuál es su sentido, si es
que acaso puede entenderse que existe alguno. Al figurarnos que el futuro en su
configuración completa es incognoscible también podemos determinar que el
destino, sea cual fuere el objeto sobre el que se debate, es desconocido o al
menos no es posible determinarlo en una visión a largo plazo o dentro de un
esquema complejo.
En la actualidad, muchos
de los gurus o pensadores new age han intentado imponer, con un gran éxito, su
modo de pensar, que a pesar de identificarse con una nueva generación que busca
encontrar su propio sentido y diferenciarse de las vicisitudes sufridas por las
anteriores, ha perdido gran noción de la realidad que los rodea y enuncia de
modo irresponsable una cantidad de máximas y frases hechas que no pueden haber
surgido de una observación detallada, paciente y amplia del entorno global. Las
generalizaciones en todo caso y en todos los casos están erradas, ya que sólo
se aplican a entornos similares que compartan circunstancialmente elementos en
común. Sabemos que cada evento es irrepetible y que genera singularidades
únicas e irrepetibles dentro de las cuatro dimensiones.
Se inculca ahora metas
subjetivas, no sólo inalcanzables, sino ajenas a la propia naturaleza del ser
humano. El destino es visto como una serie de sucesos que han de acontecer, y
que, ignorando otros factores circunstanciales, depende enteramente de la
persona en sí. Esto es obviar la evidencia de que las condiciones de cada
persona son particulares tanto objetiva como subjetivamente, y que existiera
una receta única para alcanzar los resultados, que tampoco son propios. La
relación entre destino y sentido aclarará mejor esta situación al ser
correspondientes. Transformar los elementos que tenemos en el presente es lo
que nos permite construir el futuro. Ahora, hay elementos que no están dentro
de nuestro absoluto control y que son variables externas como lo vimos
anteriormente y dependen de otras voluntades y de la configuración primaria que
ha evolucionado hasta ahora.
¿Qué es lo que dota
de sentido a la vida? Enfoquémonos primero en los actos más pequeños. Cada
acción que ejecutamos tiene un sentido por sí misma y logra un objetivo, sea de
manera consciente o inconsciente. Si alargamos la observación en el tiempo
veremos que emerge un sentido sinérgico en el conjunto de acciones, y que éste
engloba algo más que un objetivo personal y comienza a afectar las acciones, y
por ende el destino, de otras personas. Cuanto más lejos llega la secuencia de
acciones más su injerencia sobre el entorno. Las acciones, a largo plazo, son motivadas por
un propósito, pero ese propósito es creado desde el presente de la consciencia,
y es ella la que le da el sentido. Esto en un enfoque macro hace que el sentido
de la vida recaiga sobre lo que somos y lo que deseamos, pero a la vez sobre lo
que es y desea el resto del universo. Es sólo cuando se genera un consenso a
nivel del consciente, el subconsciente y el inconsciente colectivo que el
destino por sí mismo genera un sentido sinérgico que ya no sólo nos pertenece
como seres individuales.
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