Hoy por hoy, en estos agitados tiempos modernos, donde apenas hay tiempo para detenerse a pensar sobre si este juego que estamos jugando hoy es efectivamente el juego que debemos jugar, las preocupaciones actuales distan mucho de ser aquellas que estén ligadas a un sentido supremo del ser humano.
Es preocupante, a mi parecer, que una abrumadora mayoría de personas no se den cuenta de este pequeño "gran" detalle. El juego mismo es diseñado para que aquellos que se encuentren inmersos en él no puedan darse cuenta que lo están jugando. Después de un tiempo esto se trasmite a través de generaciones como "la vida". Estudios como la filosofía, la lógica en su estado puro, son desdeñadas porque ocupan "mucho tiempo" o aburren. Está claro que estamos en la era del entretenimiento, en la cual los medios de comunicación son herramientas de adiestramiento y posteriormente de distracción. Pero dejemos a un lado "lo que está sucediendo y no te enteras" y pensemos también en "lo que no sucede porque no te lo permites".
En la pasada década muchos movimientos empezaron a surgir ante la crisis mundial. No, no hablo de la crisis financiera, hablo de esa crisis de espíritu que esta instalada en las entrañas mismas de la sociedad: indiferencia, resignación, egocentrismo, codicia y una larga lista de etcéteras conforman el mundo. Se habla de castigos más severos, se habla de reformas, se habla y se habla. Pero nunca de soluciones definitivas, pues el abanico ofrecido sigue siendo parte de las cartas del juego (cual si fuera monopolio) con respuestas que sólo remueven la superficialidad de los asuntos, nunca el problema de fondo.
La superficialidad se ha posesionado del mundo, y sus implicancias, a modo irónico, son atacadas por los nuevos "filósofos" de la nueva era de modo también superficial, porque su pensamiento muy a pesar suyo también lo es. ¿Cómo dirigir entonces los esfuerzos de la sociedad para hacer una reforma real?
Primero debes preguntarte el problema importante: ¿es realmente esto que vivimos lo que debería ser la vida? Olvídate por un momento de todos tus paradigmas y mira al ser humano y su entorno natural...
¿No te parece que este juego absurdo en el que se ha convertido el sistema financiero y eso que llamamos el mundo laboral con la excusa bajo la cual se esclaviza conscientemente a un persona no tiene un sentido? podría ser diferente, no con reformas de educación o laborales o financieras. Sino con el rediseño de la sociedad de forma profunda, la reforma del espíritu y el planteo de soluciones "definitivas" a los problemas.
