lunes, 25 de mayo de 2015

DESTINO Y SENTIDO (parte IV)

Luego de este breve preludio de las bases sobre las que se desarrollan los hechos objetivos y subjetivos del universo, y la configuración que influye sobre el desarrollo del mismo y de la consciencia universal es menester establecer los vínculos sutiles pero evidentes de lo que se entiende como destino y cuál es su sentido, si es que acaso puede entenderse que existe alguno. Al figurarnos que el futuro en su configuración completa es incognoscible también podemos determinar que el destino, sea cual fuere el objeto sobre el que se debate, es desconocido o al menos no es posible determinarlo en una visión a largo plazo o dentro de un esquema complejo.
En la actualidad, muchos de los gurus o pensadores new age han intentado imponer, con un gran éxito, su modo de pensar, que a pesar de identificarse con una nueva generación que busca encontrar su propio sentido y diferenciarse de las vicisitudes sufridas por las anteriores, ha perdido gran noción de la realidad que los rodea y enuncia de modo irresponsable una cantidad de máximas y frases hechas que no pueden haber surgido de una observación detallada, paciente y amplia del entorno global. Las generalizaciones en todo caso y en todos los casos están erradas, ya que sólo se aplican a entornos similares que compartan circunstancialmente elementos en común. Sabemos que cada evento es irrepetible y que genera singularidades únicas e irrepetibles dentro de las cuatro dimensiones.
Se inculca ahora metas subjetivas, no sólo inalcanzables, sino ajenas a la propia naturaleza del ser humano. El destino es visto como una serie de sucesos que han de acontecer, y que, ignorando otros factores circunstanciales, depende enteramente de la persona en sí. Esto es obviar la evidencia de que las condiciones de cada persona son particulares tanto objetiva como subjetivamente, y que existiera una receta única para alcanzar los resultados, que tampoco son propios. La relación entre destino y sentido aclarará mejor esta situación al ser correspondientes. Transformar los elementos que tenemos en el presente es lo que nos permite construir el futuro. Ahora, hay elementos que no están dentro de nuestro absoluto control y que son variables externas como lo vimos anteriormente y dependen de otras voluntades y de la configuración primaria que ha evolucionado hasta ahora.
¿Qué es lo que dota de sentido a la vida? Enfoquémonos primero en los actos más pequeños. Cada acción que ejecutamos tiene un sentido por sí misma y logra un objetivo, sea de manera consciente o inconsciente. Si alargamos la observación en el tiempo veremos que emerge un sentido sinérgico en el conjunto de acciones, y que éste engloba algo más que un objetivo personal y comienza a afectar las acciones, y por ende el destino, de otras personas. Cuanto más lejos llega la secuencia de acciones más su injerencia sobre el entorno.  Las acciones, a largo plazo, son motivadas por un propósito, pero ese propósito es creado desde el presente de la consciencia, y es ella la que le da el sentido. Esto en un enfoque macro hace que el sentido de la vida recaiga sobre lo que somos y lo que deseamos, pero a la vez sobre lo que es y desea el resto del universo. Es sólo cuando se genera un consenso a nivel del consciente, el subconsciente y el inconsciente colectivo que el destino por sí mismo genera un sentido sinérgico que ya no sólo nos pertenece como seres individuales.