Para los que no estén
familiarizados con la teoría del caos, que ya no es sólo una teoría pues tiene
aplicaciones prácticas en informática, meteorología, física cuántica y
arquitectura fractálica, deben conocer que en sistemas dinámicos, como en el
que estamos inmersos, incluso la más pequeña variación puede alterar
significativamente las predicciones que se hagan sobre ese sistema. Salvo que
se conocieran las condiciones “iniciales” de ese sistema y se conocieran
absolutamente todas las variables de esa ecuación, sería imposible predecir con
exactitud su comportamiento en el tiempo. El caos es simplemente la
imposibilidad de trazar (desde nuestra perspectiva limitada claro está) los
eventos que suceden y sus causas y consecuencias. Pero esto no quiere decir que
no exista un ordenamiento dentro del caos, sólo que las bases de este
ordenamiento son desconocidas o demasiado complejas.
Determinamos en el
capítulo anterior que es bastante probable que todo haya existido siempre, es
decir que no ha habido un inicio. Considerando esta propiedad del todo se
evalúa hasta qué punto algo podría ser predecible. Debido a que todo está
interconectado como un sistema, como vimos anteriormente, no sólo a un nivel
mesurable, nada puede ser predicho con exactitud en la práctica.
Si nada puede ser
realmente predecible dentro del rigor de la palabra exactitud, el futuro como
definición cognoscible del tiempo no existe. Este concepto es muy liberador una
vez entendido. Todo existe en potencia y queda en decisión de la consciencia la
determinación de los actos que formarán su realidad ordenando el sistema
caótico. Hagamos una analogía práctica para entender el asunto:
Imaginemos que cada ser
humano es una partícula dentro de un universo de partículas. Ahora, cada una de
ellas tiene un destino de llegada, que será diferente para cada una. Las
partículas tienen una energía potencial que es activada en un universo dinámico
al vencer la inercia. Esa acción y reacción es la que hace que los objetos se
muevan. Si todas estas partículas entran en movimiento para intentar llegar a
su destino es altamente probable que colisionen con otras y se desvíen de su
ruta. Dentro de esta ecuación nos falta agregar una variable importante que es
la “voluntad”, que es la que permite a la consciencia a llevar a acto las
intenciones. De este modo tenemos que en nuestro universo más complejo el
camino hacia el destino está plagado de variables, pero de las cuales las más
importantes se pueden resumir en esta ecuación: destino = voluntad x
circunstancias, donde: voluntad = acción x intención. Las circunstancias son la
manera en que la búsqueda de alcanzar su destino de otros afecta nuestro propio
camino, sea directamente como una colisión de partículas, o indirectamente como
campos gravitatorios. Incluso hay cierto coeficiente de fricción presente que
frena nuestras intenciones.
Dentro de todo este
universo caótico lleno de variables mesurables y no mesurables también debemos
tomar en cuenta el movimiento mismo del universo dinámico; por lo que ese punto
llamado “destino” es variable en el tiempo. Pero como vemos es la voluntad una
variable que podría estar en relación con la masa de la partícula, y es la que
la hace menos susceptible a su entorno. Pero basta de analogías.
La voluntad es la que
hace tomar forma al destino, sin ella la intención se queda sólo en energía
potencial.

