lunes, 16 de marzo de 2015

DESTINO Y SENTIDO (parte II)

Para los que no estén familiarizados con la teoría del caos, que ya no es sólo una teoría pues tiene aplicaciones prácticas en informática, meteorología, física cuántica y arquitectura fractálica, deben conocer que en sistemas dinámicos, como en el que estamos inmersos, incluso la más pequeña variación puede alterar significativamente las predicciones que se hagan sobre ese sistema. Salvo que se conocieran las condiciones “iniciales” de ese sistema y se conocieran absolutamente todas las variables de esa ecuación, sería imposible predecir con exactitud su comportamiento en el tiempo. El caos es simplemente la imposibilidad de trazar (desde nuestra perspectiva limitada claro está) los eventos que suceden y sus causas y consecuencias. Pero esto no quiere decir que no exista un ordenamiento dentro del caos, sólo que las bases de este ordenamiento son desconocidas o demasiado complejas.
Determinamos en el capítulo anterior que es bastante probable que todo haya existido siempre, es decir que no ha habido un inicio. Considerando esta propiedad del todo se evalúa hasta qué punto algo podría ser predecible. Debido a que todo está interconectado como un sistema, como vimos anteriormente, no sólo a un nivel mesurable, nada puede ser predicho con exactitud en la práctica.
Si nada puede ser realmente predecible dentro del rigor de la palabra exactitud, el futuro como definición cognoscible del tiempo no existe. Este concepto es muy liberador una vez entendido. Todo existe en potencia y queda en decisión de la consciencia la determinación de los actos que formarán su realidad ordenando el sistema caótico. Hagamos una analogía práctica para entender el asunto:
Imaginemos que cada ser humano es una partícula dentro de un universo de partículas. Ahora, cada una de ellas tiene un destino de llegada, que será diferente para cada una. Las partículas tienen una energía potencial que es activada en un universo dinámico al vencer la inercia. Esa acción y reacción es la que hace que los objetos se muevan. Si todas estas partículas entran en movimiento para intentar llegar a su destino es altamente probable que colisionen con otras y se desvíen de su ruta. Dentro de esta ecuación nos falta agregar una variable importante que es la “voluntad”, que es la que permite a la consciencia a llevar a acto las intenciones. De este modo tenemos que en nuestro universo más complejo el camino hacia el destino está plagado de variables, pero de las cuales las más importantes se pueden resumir en esta ecuación: destino = voluntad x circunstancias, donde: voluntad = acción x intención. Las circunstancias son la manera en que la búsqueda de alcanzar su destino de otros afecta nuestro propio camino, sea directamente como una colisión de partículas, o indirectamente como campos gravitatorios. Incluso hay cierto coeficiente de fricción presente que frena nuestras intenciones.
Dentro de todo este universo caótico lleno de variables mesurables y no mesurables también debemos tomar en cuenta el movimiento mismo del universo dinámico; por lo que ese punto llamado “destino” es variable en el tiempo. Pero como vemos es la voluntad una variable que podría estar en relación con la masa de la partícula, y es la que la hace menos susceptible a su entorno. Pero basta de analogías.
La voluntad es la que hace tomar forma al destino, sin ella la intención se queda sólo en energía potencial.



viernes, 6 de marzo de 2015

DESTINO Y SENTIDO (parte I)

Cuando se habla del concepto de destino muchos pensamientos surgen sobre el mismo. Concepciones más tradicionalistas atribuyen a los sucesos importantes en la vida un curso que ha sido marcado por el destino, cual si este fuera en realidad una entidad viva que mueve los hilos de las vidas. Para ser justos con esta concepción más inclinada a culturas del tipo de las que fenecieron hace muchos miles de años, cuando a todos los fenómenos inexplicables se les atribuía una motivación divina, se debe aclarar ciertos puntos.
La divinización de los fenómenos no era una acción exclusiva a los que se manifestaban de manera física sino que contemplaba otros aspectos menos visibles, pero no por ellos menos reales, de la vida humana. Es debido a la existencia de la consciencia y el sentido de la realidad que percibimos que surge la pregunta sobre la razón de la vida. Nuestra tendencia, como seres conscientes, a llenar vacíos llevó a culturas antiguas a recrear sus explicaciones con simbolismos que representaran las características que se percibían de aquellos fenómenos. De esta manera los simbolismos se propagaron y multiplicaron formando toda una mitología que explicara cada fenómeno perceptible del universo. El destino entonces adquirió los matices mitológicos y su simbolismo trascendió las barreras del tiempo. Es importante señalar que al reunir las características de una entidad existente, se crea una dualidad entre el observador o experimentador, es decir el ser humano y su consciencia, y entre los sucesos que acontecen en su vida, adquiriendo con ello una independencia sobre la voluntad del sujeto ajeno a su propia existencia. También en muchos casos se creía que este destino ya estaba escrito, es decir tenía una pre-existencia, por la cual todo lo que sucede es una simple puesta en marcha de un plan, o una repetición de algo que ya sucedió.
Trasciende que esta concepción no es del todo equivocada. Desde el inicio del último Bing Bang el universo es sólo el producto y acumulación de una cadena de eventos vinculados a una generalización de la tercera ley de Newton: a toda acción hay una reacción. Todo evento que ha ocurrido tiene otro precedente que lo ha ocasionado, esto desde el punto de vista de la física. Pero no podemos negar que esto es una verdad universal que no sólo contempla el campo de la materia sino también al universo inmaterial de los pensamientos y sentimientos. Según esto, todo está en capacidad de ser explicado. Pero para que todo pueda ser explicado sería necesario conocerlo todo, incluso cosas que nuestros sentidos clásicos no pueden percibir. Permítanme ser más claro.
El término quizás no sea que esté en “capacidad” sino que tiene el “potencial” de ser explicado, mas nuestras capacidades limitadas no pueden hacerlo. Un científico duro seguramente sonreirá con confianza con esta afirmación, pero iré más allá. La ciencia se ha construido bajo la premisa de que tiene el potencial de explicarlo todo, sólo que no puede explicarlo todo aún. No podría estar más de acuerdo sino fuera porque existirá un límite definido por el grado de evolución y desarrollo de la consciencia humana, sus capacidades intelectuales y lo limitado de sus sentidos. Como hablamos del destino, y éste está asociado al fenómeno sensorial de la cuarta dimensión que percibe la consciencia, enfocaré la relación entre ésta y su potencial explicativo. Dado que todo hecho precede a otro es posible, en teoría, predecir el futuro. El grado y la profundidad de la predicción estarán dados por la magnitud de conocimiento que tengamos de los hechos precedentes y del comportamiento de la naturaleza en ciertas circunstancias. Los modelos estadísticos nacen de esta observación. Si toda acción nace de una acción precedente… ¿no se podría afirmar en cierto sentido que todo lo que ocurrirá ya está determinado por el conjunto de acciones precedentes sean estas materiales o inmateriales?
Si recordamos que se explicó anteriormente que la consciencia está ligada a la existencia de lo material y viceversa, deberíamos aceptar esta afirmación. Los fenómenos físicos y químicos que ocurren en el cerebro y que generan la consciencia humana, en conjunto con los fenómenos sensoriales que perciben de su entorno y la interpretación que se hace de ello, generan lo que somos como personas, nuestros pensamientos, sentimientos y acciones. Somos productos de interrelaciones en varios niveles.
Esto nos lleva a revisar otra concepción del sentido de destino, en la cual nosotros somos capaces de formar ese destino con nuestras propias acciones. Y entonces nos situamos ante otra paradoja.
Desde el punto de vista de la consciencia humana tenemos la percepción de que somos dueños de nuestros pensamientos y acciones. Y esto es también una realidad… hasta cierto punto. Ya que la consciencia no puede percibir todos los fenómenos que ocurren y que lo afectan directa o indirectamente (recordemos el entrelazamiento cuántico), y menos aún procesar tal cantidad de información de manera inmediata para tomar las decisiones, incluso las más triviales; esta incapacidad le permite a la consciencia tomar el control y no percibir que sus acciones y pensamientos son producto de un sinfín de sucesos. La ignorancia es felicidad.

Sería muy irresponsable de mi parte no considerar que incluso el párrafo anterior afectará a quien lo lea, aunque fuera en una cantidad ínfima. Por ello me permitiré intentar unir estas dos paradojas que hemos visto hasta ahora: ordenamiento del caos y voluntad involuntaria.



lunes, 2 de marzo de 2015

EL INICIO: CONSCIENCIA Y EXISTENCIA (parte II)

El fenómeno de la consciencia no ha podido ser explicado aún. Los científicos creen que esta se origina en el cerebro, y razón no les falta por cuanto éste es el procesador donde se interpretan todos los estímulos sensoriales que percibimos y que en su conjunto van creando el mundo que conocemos. Pero ha de observarse que la interpretación de lo que significa la consciencia, al ser un término subjetivo, varía en la interpretación de diferentes corrientes científicas y no científicas, incluso entre cada sujeto en particular.
Si entendemos la consciencia como la interpretación que le da nuestro cerebro a los fenómenos sensoriales que recopila a través de los sentidos entonces tendremos que extender el fenómeno de la consciencia a otros seres vivos además del ser humano. Tal vez el fenómeno de la consciencia sea más complejo y tenga que ver, no sólo con la capacidad de reconocerse a sí mismo, sino de entenderse en el acto de “vivir” y todo lo que este engloba. Claro está, este análisis es válido sólo desde el punto de vista del ser humano. La consciencia podría englobar otras formas de percepción no directamente relacionada a los sentidos y no inherente al desarrollo de la inteligencia. Ya vimos en cuántica que las partículas tienen la propiedad de “comportarse” de manera arbitraria sin estar dotadas de ninguna de las particularidades que podemos entender en el concepto clásico de consciencia. Si todo en el universo tiene consciencia, ¿no sería más fácil presumir que la nuestra es sólo una consciencia fragmentada y que funciona de la manera particular en que lo hace en el ser humano por su composición química y arquitectura orgánica? Las células de nuestro cuerpo se comportan de cierta manera sin que el cerebro esté continuamente dando órdenes sobre lo que debe hacer o no. La programación del comportamiento celular vendría a ser una especie de consciencia celular, la cual define lo que es. Como es arriba es abajo. Al nacer todo de un único punto que lo contenía todo la consciencia universal también debió estar comprimida.
Entiéndase que esta explicación en ningún modo valida los mitos religiosos ligados a una consciencia superior que gobierna el universo, porque en todo caso cada consciencia gobierna su propia materia que la crea y viceversa; y en su conjunto todo funciona, paradójicamente, como un sistema caótico y ordenado.
Todo en el universo constituye un sistema, y cómo un sistema todo está interrelacionado y se afecta uno a otro en menor o mayor medida. Esto es una verdad ineludible en ambos modelos de la física, dónde sabemos que a toda acción hay una reacción (equivalente si se trata de sistemas aislados teóricos). En física cuántica otra de las propiedades de las partículas es el entrelazamiento cuántico, donde las partículas parecen estar enlazadas unas con otras a pesar de encontrarse separadas espacialmente, es decir, funcionan como un sistema interrelacionado sin una conexión mesurable.
Esta particularidad podría explicar muchas cosas, que para la ciencia aún se encuentran en un campo oscuro e indeterminado. El efecto mariposa que ocasionaría cierta acción no sólo afectaría sistemas vinculados sino sistemas no inmediatamente relacionados bajo esta premisa. Esto tanto a nivel macroscópico como microscópico. La telepatía podría ser uno de estos fenómenos, siempre y cuando se entienda en su concepto más abstracto como una intuición del pensamiento de otra persona. Este sexto sentido no es un sentido de “intuición” propiamente dicho, o de percepción de algo desconocido, sino que éstos son el resultado de lo que capta este sexto sentido. Tal vez lo que capta alguna parte de nuestro ser sean ondas o vibraciones que traen información de lo que sucede a nuestro alrededor y nuestros cerebros, como con cualquier otra información proveída por un órgano sensorial, debe decodificar e interpretar. Al ser algo abstracto sólo se puede entender a través de algo abstracto también: los sentimientos que, al no ser reconocidos, en realidad son pre-sentimientos. Un sistema sin relación inmediata afectando a otro. Basta el cambio en el comportamiento de una partícula para afectar a otra partícula entrelazada cuánticamente en un sistema similar, como lo son nuestros cerebros.